Editorial de “EL DEBATE”, 24 de julio de 1942, firmado por el Dr. Luis
Alberto de Herrera.

Como personas, sin ser mejores que nadie, pertenecientes al número de las gentes honestas; en las intenciones y por los procederes… En el plano cívico, de frente hemos luchado: no es para nosotros la tartufería ni clavar el cuchillo por la espalda… Leales y francos, como amigos, francos y leales como adversarios. Nos repugna la duplicidad, consustancial en otros. Notable es la lidia de frente, de cara al sol: la hidalguía no la admite diferente.

Vamos a lo que atañe al patriotismo, a la hora actual. Nunca se nos ha ocurrido tildar de malos patriotas a quienes discrepan con nosotros en la apreciación del presente, referida a los sucesos exteriores: según el color del cristal con que se mira es el matiz del panorama. En cambio los contrarios se desatan en injurias contra quienes con ellos no coinciden en el juicio. Aquella cordura, nos eleva; mientras esta estulticia rebaja a los que en ella incurren. Es el sudor frío de los cuerpos muertos.

Sin dictarle conducta a nadie, y simplemente fiando la propia, hemos sostenido y sostenemos que, salvo el caso de agravios inexcusables, que hasta hoy no hemos recibido, debemos continuar neutrales ante el drama europeo. Así, por diversas razones de elemental buen sentido. ¡Deplorable ligereza comprometer la suerte del hogar nativo en obsequio al hogar extranjero, por querido y respetado que sea!

Ahí está, para nosotros, el cruce fundamental de caminos en el campo de las opiniones. Mucho le debemos a Europa; somos todavía su espejo; de sus entrañas venimos; sus mejores sangres han enriquecido nuestras arterias; reglamos nuestra cultura por el ritmo de la suya. ¡Muy bien! Pero eso no importa que cuando los pueblos de Europa se anegan en la hecatombe los pueblos americanos, para atestiguarles sentimiento, deban hacer lo mismo! ¡Allá vaya y perezca, o no, quien entrado en frenesí suspira por la inmolación! Individualmente, cada cual es dueño de hacer de su capa un sayo. Mas no se pretenda que una sociedad entera, sin motivo real, comprometa sus destinos, además de arruinarse rodando semejante exceso de temeridad. Al respecto debieran ilustrarnos sobradamente con su escarmiento las tremendas guerras de vecindad, en provecho de terceros, que tanto demoraron en el siglo anterior nuestro progreso. Ni don Quijote habría comulgado con estos falsos arrestos de caballería…!

Lejos de nuestro temperamento amoldar el criterio -como líquido al envase- según caigan las pesas. Escribimos un año atrás:

“Nosotros, antes que todo y por encima de todo, serremos uruguayos. Fijada la premisa, sola se impone al consecuencia: nuestra máxima pasión es la del ‘pago’. Por haberlo olvidado, más de una vez nuestra patria ha sufrido, en el pasado, grandes infortunios. No queremos que ellos se repitan. Desde nuestro modesto plano, nos agotaremos en el afán de evitarlo.

Pero ser buen uruguayo no consiste en decirlo ruidosamente, sino en estar, por entero, al servicio del interés nacional. En la emergencia, el interés nacional manda no salir de la neutralidad, esmerarse en conservarla, siempre que así lo permita el honor. ¿Y puede, por ventura, juzgarse comprometido ese honor por lo muy trágico y deplorable que ocurre más allá de los mares?

Luis Alberto de Herrera

Luis Alberto de Herrera, como soldado en la revolución de 1897.

Pero, en pleno desvarío, más ingleses, alemanes o yankees que orientales, algunos -sin perjuicio de quedarse cómodamente en su bufete- pretenden que nuestras juventudes corran a la inmolación en extraños climas. El buen sentido público, a eso terminantemente se opone.

Plenamente nos ratificamos. Nosotros ya no somos “colonia”.

Parece que en el seno de un país organizado y serio, el concepto hondo de la responsabilidad ordena obrar con circunspección. Repetimos: ¡el que quiera, que vaya!

Como la conciencia social se cerrara al inicial desvarío, muy luego, en calidad de excitante pasional, se apeló a desmesurada exaltación del “panamericanismo”. Tratamiento a base de digitalina… ¡Bienvenida sea la solidaridad de las naciones de este hemisferio, aún teorizada sobre el papel!

Bella aspiración la “pan-americana”. Hay que servirla, hay que acariciarla y cultivarla, cual una dichosa ilusión, librada en su germinación al tiempo…, pero entendida en el concepto de leal rueda de familia: todos iguales en la verdad jurídica y en la verdad de las cosas, que es lo más importante…Es el “panamericanismo” una seductora abstracción. No escatimamos votos en sentido de que se acentúe y crezca, porque la hermandad afectiva siempre es buena, aunque sólo escrita sea. Pero el panamericanismo no puede consistir en que uno fume y los otros escupan…

Somos lo que somos, como causa cívica, por mantener enhiesta nuestra fe, en alto el penacho, sin obedecer a las alzas y bajas del interés y su termómetro. Cuajadas estarían de avisos estas páginas impresas, nadaríamos en prosperidad si abatiéramos nuestro pensamiento al nivel de los que, por no seguirles ni temerles, llenan con su bárbara y consentida e incitada vocingleréala calzada: “¡Clausurar EL DEBATE! ¡Herrera a la cárcel!

Sin un poco de contrariedad no se labran ruta las propagandas. El contragolpe las fortifica, las afianza. Los surcos que acogerán la semilla, no se abren solos: hay que abrirlos. ¡Tal en las tierras del espíritu!

Por otra parte, el tiempo no en vano corre. Creador y a la vez enterrador de errores y de miserias, tal vez los que ahora vivimos alcancemos a ver la floración de una siembra cumplida bajo cielo tan azaroso, de tanta tormenta… Y, si así no es, ¡que no sea! Que el acierto no es patrimonio de nadie. Mas, de cualquier modo, valdrá por timbre de honor haber resistido de pie y sin flaquear al consorcio de instintos que pretendiera avasallarnos con su desborde, pidiendo nuestra cabeza!

LUIS ALBERTO DE HERRERA

Nota Diurnarius: A diferencia de muchos liberales y marxistas, que “combaten” las guerras que organizan desde sus cómodos despachos, Luis Alberto de Herrera renunció a su cargo diplomático para unirse a la revolución. En su carta de renuncia a José Batlle y Ordónez le explica sus motivos (enero 1904): “En estos instantes se derrama la sangre preciosa de adversarios y también de compañeros cuya suerte, buena o mala, yo también quiero correr”.